ADVIENTO 20 14
La Navidad
Un mensaje de apoyo
La Navidad evoca recuerdos de
momentos, lugares y personas que son especiales para nosotros. Es una época que
nos motiva a dar y que conmueve nuestros corazones.
Mas
la Navidad también puede ser una temporada en la que nos sentimos solos y
abatidos. Los relatos en este folleto nos recuerdan que, a pesar de lo que
ocurra a nuestro
alrededor, podemos avivar el espíritu navideño en nosotros. Sólo necesitamos
estar conscientes de la presencia crística y sentir nuestra unidad con todo lo
creado. Los actos sencillos de bondad, dados y recibidos, nos recuerdan la
verdad de que nunca estamos solos.
Deseamos
que la Fe, la Paz, el Amor y el Gozo cobren vida en tu corazón en esta
temporada de Adviento, según celebramos el nacimiento de Cristo en nuestro
mundo.
¡Eres bendecido y eres una bendición!
¡Feliz
Navidad!
Tus amigos
PRIMER SABADO DE ADVIENTO
6 de diciembre del 2014
SÁBADO, 6 DE DICIEMBRE DEL 2014
Como un niño
por Elise Cowan
La Navidad, poco a poco,
perdió su magia en mi corazón durante mis años de adulta. El aspecto comercial
y las expectativas de todo el mundo me hacían querer escapar de la temporada.
Entonces,
en 1999, me mudé de Alabama a Texas para comenzar mi vida de nuevo. Me alejé de
mis amigos y familiares en búsqueda de una vida mejor. La soledad se hizo
sentir muy pronto, aunque me había mudado para estar con la Orden de
Trabajadores Cristianos, cuya misión es ser una sociedad ecuménica para hacer
del mundo un lugar mejor ayudando a los
necesitados.
A medida que se acercaba la temporada navideña, el trabajo voluntario consistía
en preparar la fiesta de Navidad
para
los niños necesitados, la mayoría inmigrantes ilegales que quedaban fuera de
otras organizaciones de caridad.
No
sabía qué esperar cuando entré al estacionamiento. Dos camiones grandes de
mudanzas estaban llenos de regalos y
comida
para las familias. Entré con ánimo al gimnasio donde vi a todos mis amigos
trabajando frenéticamente para transformar
el
lugar en un paisaje de invierno. Se me dio la tarea de armar y decorar un árbol
de Navidad en 30 minutos o menos, ya que
el
tiempo se acercaba para la llegada de los invitados. Había voluntarios
organizando los regalos ya envueltos que habían sido seleccionados especialmente
para cada niño. Algunos de los voluntarios estaban disfrazados de personajes de
cuentos de hadas, mientras que otros ponían los refrescos junto a cientos de galletas
caseras. Había música en vivo y se cantaban villancicos, mientras que Santa
Claus y su esposa aguardaban escondidos en el cuarto trasero.
Cuando
las puertas se abrieron, 183 niños y sus familias entraron al gimnasio. Se me dio
la tarea de envolver regalos de nuestra “tienda” en la cocina para cualquier
niño que viniera inesperadamente. Tenía como una docena de regalos que envolver
para Santa cuando éste hizo su aparición. El
darme
cuenta de que tantos niños en mi comunidad estaban tan necesitados me llevó a
salir, pero no estaba preparada
para
lo que vi. Los voluntarios daban a los padres regalos adicionales para sus
niños para la mañana de Navidad: ropa,
zapatos,
abrigos y un regalo adicional para cada niño desde un camión, y cajas de comida
desde el otro.
La
Navidad revivió en mi corazón una vez más a medida que las lágrimas corrían por
mi rostro. Me di la vuelta y entré de nuevo al salón. Santa entregaba regalos a
medida que los duendes decían los nombres de los niños. Algunos niños abrieron
sus regalos inmediatamente y gritaban de alegría por recibir los regalos que habían
deseado. Otros abrazaban sus regalos queriéndolos abrir en casa. Mi corazón
saltaba de gozo, pero también estaba deshecho de tristeza. Mi nueva vida iba a
estar dedicada a ayudar a los demás.
La
fiesta anual ha crecido y ahora invitamos a 600 niños cada Navidad.
“Éste, cuando llegó y vio la gracia de Dios, se regocijó y
exhortó a todos a que con propósito de corazón permanecieran fieles al
Señor.”—Hechos 11:23





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