ADVIENTO 20 14
La Navidad
Un mensaje de apoyo
La Navidad evoca recuerdos de
momentos, lugares y personas que son especiales para nosotros. Es una época que
nos motiva a dar y que conmueve nuestros corazones.
Mas
la Navidad también puede ser una temporada en la que nos sentimos solos y
abatidos. Los relatos en este folleto nos recuerdan que, a pesar de lo que
ocurra a nuestro
alrededor, podemos avivar el espíritu navideño en nosotros. Sólo necesitamos
estar conscientes de la presencia crística y sentir nuestra unidad con todo lo
creado. Los actos sencillos de bondad, dados y recibidos, nos recuerdan la
verdad de que nunca estamos solos.
Deseamos
que la Fe, la Paz, el Amor y el Gozo cobren vida en tu corazón en esta
temporada de Adviento, según celebramos el nacimiento de Cristo en nuestro
mundo.
¡Eres bendecido y eres una bendición!
¡Feliz
Navidad!
Tus amigos
Meditación de Paz
Todas las posibilidades de paz y prosperidad están disponibles para nosotros a medida que dejamos
ir antiguos patrones de comportamiento y
vencemos los pensamientos y las acciones
que nos han dividido en el pasado. El
Cristo nace de nuevo en nuestros
corazones y en el mundo. Recibimos estos
días con esperanza y amor, confiando en que los líderes del mundo son guiados hacia el
mayor bien para todos. El poder de
nuestros corazones unidos es invencible.
Avanzamos con la confianza, la esperanza
y la fortaleza que nacen de la fe. El Cristo
despierta y es renovado en nosotros, y confiamos
en que el Espíritu nos guía a crear una nueva
visión mundial de paz.
“El ocuparse del Espíritu es vida y paz”. —Romanos 8:6
MARTES, 9 DE DICIEMBRE DEL 2014
¿Qué hace Que la Navidad sea real ?
por Tom Baker
Se me ha atribuido un milagro. No creo que fui yo quien realizó el milagro, pero como dije,
fue atribuido a mí.
Sucedió en mi segundo año como sacerdote en la misa de medianoche. Estaba dando el sermón y un bebé
comenzó a llorar. Generalmente, cuando
esto ocurría, continuaba hablando
apartándome de donde provenía el llanto, la madre (o el padre o la hermana mayor en una familia católica grande) se daba cuenta y se llevaba
al bebé. Pero esta mamá y su bebé
estaban en medio del banco en una iglesia
repleta, así que íbamos a tener que aguantarnos el llanto.
El niño lloraba fuerte. Así que me detuve y, recordando que era víspera de Navidad, dije: “Esta noche,
me encanta escuchar el llanto de este
niño; me recuerda que hace 2000 años el
llanto de un niño fue la voz de Dios —a
lo mejor todavía lo es”.
Y, en ese instante, el niño dejó de llorar. Y hubo un silencio en la iglesia que era más que un
silencio; era el sentimiento de la gente
escuchando el silencio. Luego, la gente
se rió en voz baja. Y después proclamaron que fue un milagro.
Pero yo lo que recuerdo es el silencio. Ese momento tan callado y resplandeciente en el que podías oír
la música en la luz y apreciar la voz de
Dios en el llanto de un niño.
“Que el Señor de paz mismo les dé paz siempre y en toda circunstancia. Que el Señor esté con
todos ustedes”.— 2 Tesalonicenses 3:16





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