Dia 3.
Cómo Reconocer la Voz de Dios
por Ellen
Debenport
Imagina que tu esposo llega a la cocina un día y te dice: “Mi amor, voy a comprar Madera. Dios me dijo que construyera un arca”.
Imagina el día en
que Séfora estaba cocinando y Moisés, su esposo, llega y le dice: “Oye, estaba
con las ovejas hoy cuando vi esta zarza ardiendo, así que prepara a los niños.
Nos vamos a Egipto, voy a liberar a los hebreos de la esclavitud”.
“¡Seguro que sí,
Moisés! Lávate las manos para que cenes”.
Ahora que miles de
años han pasado, es fácil creer que Dios habló realmente a los personajes
famosos de la Biblia, dándoles instrucciones paso a paso. No cuestionamos
que ellos hayan oído la voz de Dios.
Mas, si alguien
dijera eso hoy en día sería objeto de burla o lo encerrarían. En muchas
historias contemporáneas hay personas que han jurado que Dios les ha dicho que
hicieran algo ridículo o hasta que cometieran un crimen horrible.
De modo que podemos
sentirnos un poco incómodos diciendo a nuestros amigos que somos guiados por la
voz de Dios, aún en estos días, cuando las historias de ángeles y relatos
acerca de las visiones al borde de la muerte llegan a las masas.
Es posible que
dudemos de nuestra experiencia de Dios.
¿Cómo
sabemos cuándo es realmente Dios?
Mahatma Gandhi
dijo: “Dios nos habla todos los días, simplemente no sabemos cómo escucharlo”.
¡La Biblia lo hace
parecer tan fácil! Moisés tuvo su zarza ardiendo. Adán y Eva conocieron a Dios
paseando por el jardín del Edén en el fresco de la noche. Isaías tuvo visiones
y Samuel oyó a Dios decir su nombre en medio de la noche. Pablo fue cegado y
oyó una voz desde los cielos.
Jesús enseñó que
Dios está en nosotros, siempre presente. Claramente, las descripciones vívidas
de la Biblia acerca de escuchar la voz de Dios representan la intuición.
Moisés, Pablo y los otros también podrían haber tenido
experiencias místicas dramáticas, pero tenían ciertamente un conocimiento
interno, una voz interior. Sin embargo, ¡tantas voces internas reclaman nuestra
atención! ¿Cómo sabemos cuál es la voz de Dios y cuáles son los grabaciones
antiguas? ¿Miedo? ¿Ego? ¿Enojo? ¿El niño solitario?
Mary Manin Morrissey en su libro Building Your Field of Dreams dice
que podemos aprender a reconocer la voz de Dios de la manera como lo haríamos
con un amigo cuando por teléfono nos dice “hola”. Personalmente, ¡yo
preferiría tener la identificación de quien llama!
Charles Fillmore, dijo que Dios se comunica de varias
maneras: por medio del instinto, la intuición, la inspiración, la
imaginación, a través de sueños y visiones, revelaciones (la experiencia “ajá”)
y por medio del silbo apacible y delicado.
A
continuación algunas maneras para probar si nuestros
impulsos son realmente divinos:
impulsos son realmente divinos:
·
Dios nunca nos pide que hagamos daño a nadie. Los resultados son
exitosos para todos, obrando para el mayor bien de cada uno, aun si esto no es
inmediatamente evidente. Las relaciones personales, los empleos y estilos de
vida pueden cambiar radicalmente a medida que seguimos la guía divina, mas
confiamos en que Dios quiere sólo el bien para nosotros y para nuestros seres
queridos.
·
Todo cae en su lugar. Las puertas se abren milagrosamente. No hay
esfuerzo: el universo corre a apoyarnos. Esto no significa que veremos todo el
panorama. A menudo, la linterna de la fe resplandece sólo a poca distancia
adelante en el camino. Pero con cada paso dado con confianza, podemos ver un
poco más lejos.
·
¡Ésta puede que no sea nuestra idea en lo absoluto! A veces la guía
parece como una tarea, no una opción, y mucha gente discute con Dios.
¿Recuerdas las excusas de Moisés? ¿Quién diré que me envió? ¿Y si no me creen?
¡Yo nunca he tenido facilidad de palabra!
·
O, por el contrario, podemos encontrar que deseamos hacer algo de
repente, algo que nunca imaginamos. Estamos más sorprendidos que nadie acerca
de donde terminamos y cómo lo disfrutamos. Pablo, quien había perseguido a los
cristianos, después propagó el mensaje de Jesús con el entusiasmo de un
converso.
·
Hasta podemos ser guiados a llevar a cabo un deseo que hemos tenido toda
la vida, algo que nunca creímos posible.


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